Perspectivas ciudadanas: la reforma de la gobernanza mundial es una condición para eliminar las desigualdades

Los académicos y la sociedad civil defienden la reestructuración urgente de las organizaciones de gobernanza global y las instituciones de Bretton Woods para abordar los desafíos contemporáneos y aumentar la representación global. Las desigualdades en el Sur Global también son el resultado de la distribución desigual del poder en estos foros.

No se puede negar que las organizaciones internacionales han desempeñado un papel central en el panorama político mundial. A través de la diplomacia, evitaron conflictos, actuaron en emergencias humanitarias y para mantener la paz. Diseñadas a mediados de la década de 1940, académicos y expertos evalúan que las múltiples crisis recientes y una cierta incapacidad para evitarlas han puesto en tela de juicio la eficacia de las instituciones multilaterales mundiales. La urgencia de reformular sus estructuras y prácticas, con el fin de mejorar la representatividad y diversidad de su personal, también está en la agenda de la sociedad civil mundial.
Las organizaciones de gobernanza global nacieron para abordar problemas económicos, políticos, de seguridad o culturales que afectan a más de un estado, a través de la adopción de acuerdos legales que sirven tanto para facilitar como para gestionar la cooperación entre países. Son multilaterales, ya que sus comités están formados por entidades y países que trabajan juntos para encontrar soluciones que tengan acuerdos de todos los miembros.
Las Naciones Unidas y sus agencias, la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), las instituciones de Bretton Woods (BWI, por sus siglas en inglés), por ejemplo, son parte de la gobernanza global.
Gustavo Glodes Blum, investigador en la Geografía de las Relaciones Internacionales, internacionalista y analista geopolítico, explica que la reforma de los organismos multilaterales de gobernanza se entiende en dos niveles: la necesidad de llevarla a cabo y la posibilidad de que suceda, lo que resalta las asimetrías históricas entre naciones. Para él, la reforma es urgente para los países que ven la cooperación internacional como una forma de lograr sus objetivos nacionales. Mientras que, para los poderes económicos puede hacer que estas pierdan poder.
Las Naciones Unidas y sus agencias, la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), las instituciones de Bretton Woods (BWI, por sus siglas en inglés).
«La reforma parece ser más urgente para el primer grupo, que involucra no solo a los países en desarrollo, sino también a aquellos que colocan la estabilidad internacional en el centro de la seguridad y la ausencia de conflictos que puedan tener una fuerza disruptiva en sus prácticas comerciales, económicas, culturales o sociales. Para el segundo grupo, puede hacer que pierdan el poder, por lo que la reforma debe posponerse en la medida de lo posible», explica el geógrafo.
Blum señala que las emergencias globales han cambiado y refuerza la necesidad de encontrar soluciones comunes a los problemas actuales. «Si, en el cambio del siglo XX al XXI, el tema ambiental, la demografía global y la lucha contra la pobreza aparecieron como objetivos comunes de la humanidad, actualmente el conjunto de emergencias ―climáticas, sociales, económicas, institucionales, de violencia― ha estado forzando la discusión sobre la alteración de la arquitectura global del poder y las instituciones que guían el desempeño de los países en el escenario internacional», explicó el internacionalista.
En ese sentido, Pedro Silva, investigador en relaciones internacionales y economía política, plantea como punto crucial la forma en que estas reformas serán llevadas a cabo por instituciones multilaterales y defiende un modelo más representativo e inclusivo como esencial para abordar las desigualdades arraigadas en el sistema internacional. El investigador señala que, a pesar de los desafíos geopolíticos actuales, la democratización de los espacios de toma de decisiones políticas internacionales es fundamental para crear condiciones para el diálogo y la resolución pacífica de conflictos y para la confrontación efectiva de las desigualdades globales.
Para el internacionalista, la reforma de la gobernanza global debe ser integral, con un enfoque especial en la transición ecológica y la lucha contra las desigualdades, para un modelo de economía sostenible, fundamental para garantizar la supervivencia de la humanidad en el planeta.
«Si, en el cambio del siglo XX al XXI, el tema ambiental, la demografía global y la lucha contra la pobreza aparecieron como objetivos comunes de la humanidad, actualmente el conjunto de emergencias ―climáticas, sociales, económicas, institucionales, de violencia― ha estado forzando la discusión sobre la alteración de la arquitectura global del poder y las instituciones que guían el desempeño de los países en el escenario internacional».
«Una reforma del sistema que quiera abordar las desigualdades a la vez que resuelve otros problemas puede tener como elemento central la generación de empleos verdes. Una transición que busca operar las transformaciones necesarias, empleos comprometidos con actividades de bajas emisiones y enfocados en la transición hacia una economía más sostenible», propone Silva.

Responder a la evolución de las luchas por el poder global
Para Helena Megré, politóloga y copresidenta de T20 Just Energy, grupo de compromiso del Think Tank del G20, la necesidad de reforma incluye una serie de motivos interconectados, como la evolución histórica de la organización del poder global. Megré señala que la identificación de objetivos globales comunes, como los establecidos en el Protocolo de Kyoto y en la Conferencia de Río de 1992, dejó en evidencia la necesidad de una cooperación internacional más profunda e inclusiva.
«Empezamos a tener la idea de que tendríamos que tener un gran nivel de profundización en la cooperación internacional y que no sería posible ser solo un grupo de países que siempre han tenido un gran predominio en las relaciones internacionales. Es que las necesitaríamos todas», explicó la especialista.
Megré enfatiza que la expansión de estos objetivos globales, ejemplificada por la transición de los Objetivos del Milenio a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, requirió un enfoque que considerara las especificidades socioeconómicas y políticas de cada país. Sostiene que para alcanzar objetivos en áreas como la pobreza, la salud, el cambio climático y la igualdad de género, es crucial analizar escenarios particulares de cada nación y reconocer que los desafíos se manifiestan de diferentes maneras en diferentes contextos.
La experta concluye que la reforma de las instituciones de gobernanza global es esencial para crear un espacio equitativo en la toma de decisiones internacionales: «Es necesario crear un espacio propiamente igualitario, donde todos puedan sentarse a la mesa de la toma de decisiones y también de la participación igualitaria para que, de hecho, se pueda desarrollar un plan para lograr estos objetivos juntos, pero respetando y teniendo en cuenta las peculiaridades de cada país para que lo logremos de manera eficiente», concluye.
Centralidad en las urgencias del Sur Global
Históricamente, los países del Sur Global todavía están separados de los marcos de toma de decisiones de las organizaciones multilaterales. Aunque, recientemente, haymovimientos para llenar este vacío, como el aumento de los puestos directivos del FMI en África subsahariana, por ejemplo, todavía son insuficientes dadas las necesidades de estos países con respecto a la superación de las desigualdades, la lucha contra la pobreza y los efectos de la crisis climática.
Luiz Vieira es el director del Proyecto Bretton Woods, una red de organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales británicos que busca presionar a las instituciones financieras internacionales para que sus programas fortalezcan los derechos humanos de las poblaciones vulnerables, en lugar de acentuarlos. Vieira considera que el sistema actual es anacrónico y, a pesar de los múltiples esfuerzos de los países del Sur Global para cambiar la correlación de fuerzas, las naciones ricas dominan el poder de decisión, las reglas y la normalidad de la economía internacional.
«El sistema actual impone restricciones a la soberanía de los países del Sur Global con graves consecuencias concretas para sus ciudadanos, estableciendo y reforzando límites a las políticas de estos países en sectores clave como la tributación, la deuda y la capacidad de desarrollar políticas industriales necesarias para escapar de la dependencia de la exportación de productos básicos y, en consecuencia, evitar shocks externos, incluidos los derivados de la crisis climática», resalta.
«El sistema actual impone restricciones a la soberanía de los países del Sur Global con graves consecuencias concretas para sus ciudadanos, estableciendo y reforzando límites a las políticas de estos países en sectores clave como la tributación, la deuda y la capacidad de desarrollar políticas industriales necesarias para escapar de la dependencia de la exportación de productos básicos y, en consecuencia, evitar shocks externos, incluidos los derivados de la crisis climática», resalta.
Según Vieira, la desigualdad y las injusticias de este sistema en las acciones de respuesta y recuperación de las economías pandémicas de Covid-19 resultaron «en millones de muertes en el Sur Global con la concentración del acceso a vacunas y equipos de protección personal como elementos clave de la dinámica». Para él, la reforma es una cuestión de «vida o muerte» debido a sus impactos en la capacidad de los países para garantizar los derechos humanos de los ciudadanos.
Blum describe que este escenario ha acentuado la tendencia de diferentes países hacia prácticas proteccionistas, que, según el investigador, se ha profundizado desde la crisis financiera mundial de 2008. «Los desafíos que enfrenta el mundo hoy parecen desafiar esta lógica porque como en el caso de la pandemia de Covid-19, ya no podemos hablar de fenómenos que pueden controlarse a través de políticas nacionalistas y proteccionistas. El Covid-19 refleja, de la misma manera que en el caso de la emergencia climática, que nadie está protegido mientras alguien está desprotegido», asegura.
Es desde este panorama que Silva aboga por que las demandas del Sur Global sean representadas y tratadas con seriedad y la reforma de la gobernanza puede ser un primer paso para abordar los problemas de estas naciones, especialmente para promover la transición ecológica. «Una reforma del sistema que quiera abordar las desigualdades a la vez que resuelve otros problemas puede tener como elemento central la generación de empleos verdes. Esto requiere inversiones y recursos que los países del Sur Global no tienen o tienen dificultades para acceder ―crédito a largo plazo, financiamiento de proyectos específicos― pero que pueden y deben ser mejor orientados a partir de las reformas en la gobernanza económica internacional», explica el investigador.

La gobernanza internacional necesita un cambio esencial
Luiz Vieira también propone cambios en el equilibrio del poder de decisión global. Sugiere poner fin al acuerdo informal que mantiene el liderazgo del FMI con los europeos y la presidencia del Banco Mundial con los estadounidenses. Para él, la selección de los líderes de estas instituciones debe basarse en el mérito y tener lugar en procesos formales y transparentes. Otro cambio indicado por el experto es la suspensión inmediata del sistema de recargos del FMI, que penaliza a los países por el tamaño o la duración de sus préstamos.
Para Vieira, es esencial que tanto el Banco Mundial como el FMI desarrollen una política de derechos humanos como guía para sus programas e iniciativas, como base para crear un sistema financiero internacional más justo y equitativo. Por último, indica que las instituciones de Bretton Woods deberían integrarse en el sistema de la ONU, con «la gestión y elaboración del sistema financiero significativamente transferido a la ONU», señala. «El FMI no debería tener un papel clave en el proceso de resolución de la crisis de la deuda ya que la institución es una acreedora y, por lo tanto, sufre de un conflicto de intereses durante los procesos», refuerza.
Gustavo Blum señaló que la complejidad de la situación de la ONU con respecto a la reforma no se debe necesariamente a su estructura, sino a la evolución de sus funciones en las últimas décadas. Según él, la organización amplió su papel de un foro de debate internacional a una entidad con una agenda más decidida, ofreciendo directrices para los estados miembros.
El analista destacó la importancia de iniciativas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, que han transformado a la ONU en un referente de las políticas públicas globales. Sin embargo, Blum señaló que el éxito de estas iniciativas depende de la adhesión voluntaria de los países, que está fuera del control directo de la organización. «Encontrar una forma de involucrar a los países, además de formas de avanzar en la democratización internacional de estas instituciones, parece ser un camino importante a seguir hoy», señaló.
Traducido por PGET-UFSC