La Cumbre del G20 Social no es el final, sino el comienzo: la participación social es un legado indiscutible de la presidencia brasileña del G20
El país que una vez fue sede de Eco-92 y la primera edición del Foro Social Mundial vuelve a traducir varios idiomas en un mensaje común: no hay posibilidad de un mundo más justo y un planeta más sostenible sin escuchar a la sociedad civil organizada. El Armazém 3 de la zona portuaria de Río de Janeiro fue hoy (16) escenario mundial de la participación social.

En un escenario muy diferente a las reuniones ministeriales del G20, las banderas de los países cedieron lugar a las de los movimientos, el traje y la corbata, a las gorras con las siglas más diversas y el silencio protocolar al ruido de la democracia.
En un almacén de la zona portuaria de Río de Janeiro, Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, en representación de las mayores economías del mundo, recibió la Declaración Final del G20 Social, elaborada por los grupos de compromiso y los movimientos populares. Un texto histórico que exige compromisos ambiciosos para superar los profundos desafíos globales.
“Líderes del G20, es hora de asumir la responsabilidad de liderar una transformación que sea realmente profunda y duradera. Los compromisos ambiciosos son esenciales para fortalecer las instituciones internacionales, combatir el hambre y la desigualdad, mitigar los impactos del cambio climático y proteger nuestros ecosistemas. Este es el momento de actuar con determinación y solidaridad. Con la voluntad política y la institucionalización de instancias como la Cumbre Social del G20, podemos, sí, construir una agenda colectiva que honre el compromiso con la justicia social y la paz global”, señala la Declaración.
En el escenario, lado a lado, autoridades y representantes de movimientos de lucha por la tierra, la vivienda, la salud pública, la agroecología, los derechos de las mujeres, las personas con discapacidad y una vasta gama de causas de relevancia social. Más de cinco mil personas observaban el acto, pintando el G20 de pueblo.
Nunca en la historia del G20 una presidencia ha considerado un movimiento tan audaz como este: convocar a la sociedad civil a una participación activa en los ejes del foro, comprometiéndose a llevar los temas a la Cumbre de Líderes. Volvamos al pasado para entender la magnitud del presente: años 70, cinco décadas antes del momento que hoy protagoniza la sociedad civil organizada en Río de Janeiro. Lula era sindicalista, parte de las masas, luchaba por la redemocratización del país, y estaba vinculado a las causas de justicia social y respeto a la ciudadanía. Con el apoyo de estas masas, se convirtió en presidente.
Hoy, en el cargo más alto, al presidir el foro de cooperación económica más grande del mundo, volvió a ser parte de las masas y cumplió la promesa audaz que hizo en septiembre del año pasado al recibir la coordinación del G20 de India, en la Cumbre de Nueva Delhi. Lo que en aquel momento parecía poco tangible para muchos, ahora es una realidad indiscutible.
“Es muy importante un documento de la sociedad civil que vive en su base, en su territorio. Tenemos una nota que dice así: 'No me hables de mí sin mí, haz por mí, conmigo'. Entonces, cambiar el mundo tiene que ser con la gente, desde la base hacia arriba”, expresó Fátima Silva, de la Asociación Pamen Cheifa, institución que trabaja con educación y cultura en el Jardim Gramacho, donde funcionó durante 35 años el mayor vertedero de América Latina.
“Este es el primer paso para que la gente tome conciencia de que el fin del hambre es posible, pero es posible cuando nos movilizamos, cuando existe participación social de los pueblos. Los representantes del mundo estarán aquí, y este tipo de evento [G20 Social] es importante para que la gente se involucre y entienda que la justicia del pueblo está presente, que es la lucha popular la que cambiará esta situación mundial”, dijo Silvia Jerônimo, del Movimento Sem Terra Leste 1, afiliado a la União Nacional dos Movimentos de Moradia.
Ambas acompañaron toda la ceremonia, en la que el presidente Lula destacó la Cumbre del G20 Social no como el final de un proceso, sino como el comienzo de una nueva etapa. “La economía y la política internacional no son monopolio de especialistas ni de burócratas. No están solo en las oficinas de la Bolsa de Nueva York o de São Paulo, ni solo en las oficinas de Washington, Beijing, Bruselas o Brasilia. Forman parte del día a día de cada uno de nosotros”, enfatizó el presidente, al celebrar la participación social en los canales de Finanzas y Sherpas del G20.
La recepción de la Declaración del G20 Social, tras meses de agendas y dos días de intensa actividad en la zona portuaria de Río de Janeiro, con cientos de actividades autogestionadas y más de 17.000 personas presentes, un número que supera a la población de la mayoría de las ciudades brasileñas, ya es, en definitiva, uno de los principales hitos de la historia del G20.
El país que una vez fue sede de Eco-92 y la primera edición del Foro Social Mundial vuelve a traducir diversos idiomas en un mensaje común: no hay posibilidad de un mundo más justo ni de un planeta más sostenible sin escuchar a la sociedad civil organizada. Escuchar a la sociedad civil es fundamental para construir estrategias de impacto real.
El ejemplo ha sido establecido para los otros 18 países y dos uniones que conforman el G20: no se debe esperar que la sociedad vaya hacia los gobiernos, es urgente llegar hasta el pueblo. Sudáfrica, también presidida por un exsindicalista, ya ha aceptado el desafío. Siguiendo una troika compuesta por el Sur Global, mantendrá la articulación del G20 Social en 2025.
En nombre del presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, el ministro de Relaciones Exteriores del país, Ronald Lamola, afirmó que Brasil ha elevado el nivel de una presidencia del G20 y aseguró que Sudáfrica está lista para el desafío de un G20 social. "Creemos que este enfoque transformará a nuestra gente de simples espectadores en luchadores activos por un futuro colectivo", declaró.
Respecto a Brasil, que el año próximo será anfitrión del BRICS y de la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Lula destacó que cuenta con la fuerza de voluntad y el dinamismo de la sociedad civil para estos eventos.